EL COCHE AUTONOMO

Un vehículo autónomo, también conocido como robótico, o informalmente como sin conductor o auto conducido, es un vehículo capaz de imitar las capacidades humanas de manejo y control. Como vehículo autónomo, es capaz de percibir el medio que le rodea y navegar en consecuencia. El conductor podrá elegir el destino, pero no se le requiere para activar ninguna operación mecánica del vehículo.

Los vehículos perciben el entorno mediante técnicas complejas como láser, radar, lidar, sistema de posicionamiento global y visión computarizada. Los sistemas avanzados de control interpretan la información para identificar la ruta apropiada, así como los obstáculos y la señalización relevante.​ Los vehículos autónomos generalmente son capaces de recorrer carreteras previamente programadas y requieren una reproducción cartográfica del terreno, con lo cual si una ruta no está recogida por el sistema se puede dar el caso que no pueda avanzar de forma coherente y normal.

                                                  ORIGEN DEL COCHE AUTONOMO

La historia de los vehículos autónomos comenzó a finales del siglo XV cuando Leonardo Da Vinci diseñó un carro autopropulsado al que se le podía programar un recorrido predeterminado. Se podría decir que era una primera semilla del concepto de vehículo autónomo. Con la máquina de vapor, a principios del siglo XIX, llegó el ferrocarril, que podríamos calificar como vehículo semiautónomo, ya que el maquinista únicamente controlaba la velocidad, siendo las vías las que marcaban la dirección. En 1852, León Foucault inventó el giroscopio, y una de sus capacidades era poder mantener una dirección predeterminada aunque su entorno se moviese. 



Esto permitía detectar un cambio de posición. El primero en incluirlo en un vehículo autopropulsado fue Ludwing Obry a finales del siglo XIX. La evolución del giroscopio hizo posible que, a principios del siglo XX, los aviones y barcos pudieran disponer de los primeros pilotos automáticos. En1925, Francis Houdina decidió poner en práctica el concepto de coche autónomo controlado a distancia por radio, y no a mucha distancia. Sin embargo, a la hora de hablar de vehículos autónomos, Norman Bel Geddes fue el primer referente. En la exposición Universal de Nueva York de 1939, en el pabellón Futurama, planteó carreteras con sistemas magnéticos o railes integrados. La idea era conducir hasta la autopista y, una vez en ella, activar los sistemas automáticos hasta la salida escogida.

 


En 1987, el alemán Ernst Dickmanns logró convertir una furgoneta Mercedes-Benz en un vehículo autónomo, guiado por visión y un ordenador integrado. Ya, en 1995, gracias a la reducción de tamaño de los ordenadores y al aumento de sus prestaciones, el ingeniero alemán consiguió que un Mercedes-Benz se desplazará entre Munich y Copenhague, casi 1.000 kilómetros, de manera autónoma. 


                                            ¿QUE IMPULSACIONES TENDRA?


A lo largo del último siglo, el impacto del automóvil conducido por seres humanos no debe subestimarse. Sin embargo, es probable que el uso del coche cambie espectacularmente en el próximo siglo debido a la aparición de los automóviles sin conductor o “coches autónomos”. Es probable que la introducción de esta clase de vehículos tenga un gran impacto. Así, es posible que el paso del coche conducido por seres humanos al vehículo autónomo tenga un impacto trascendental en nuestras vidas y en la sociedad. Además de los incentivos de comodidad y seguridad para los viajeros, producirán una serie de ventajas para la sociedad y el medioambiente. En este artículo, me detengo a considerar las implicaciones sociales de un futuro dominado por el transporte mediante el uso de vehículos autónomos.

Actualmente, se estima que hay más de 1.000 millones de vehículos en las carreteras y que esta cifra se duplicará hacia 2040. Pero dada la probable adopción de los vehículos autónomos, dicho escenario ahora parece muy dudoso. En estos días en los medios se comenta su existencia por extenso, poniéndolos en valor. 

                                                         FORMA DE USO

Conducir un coche automático es, a priori, más sencillo. No hay que pisar ningún embrague a la vez que cambias de marcha, sólo te tienes que preocupar de frenar o acelerar. Pero esta sencillez se puede volver en tu contra si nunca has conducido un coche automático. Te damos las claves: 

Regula bien la posición del asiento y el volante. Tanto los brazos como las piernas tienen que estar ligeramente flexionados. Comprueba que llegas correctamente a los pedales pisando el freno hasta el fondo. En este artículo puedes aprender a tener una postura correcta al volante. 

Un coche automático solo tiene dos pedales, el del freno en la izquierda y el del acelerador a la derecha. Al no tener pedal de embrague (situado a la izquierda en un coche con cambio manual) puede ocurrir que, si no estás acostumbrado, confundas los pedales y frenes con el pie izquierdo instintivamente por querer cambiar de marcha, un fallo muy común. Para evitarlo, lo que tienes que hacer es olvidarte de tu pie izquierdo. Déjalo descansando en el reposapiés (mejor que dejarlo cruzado detrás de tu pierna derecha) y utiliza sólo el pie derecho tanto para frenar como para acelerar. 

Aprende las posiciones de la palanca de cambios. Aunque el funcionamiento de un cambio automático es similar de un modelo a otro, su presentación y manejabilidad varían entre marcas. Por lo general, tienen cuatro posiciones: 

Parking (P): por seguridad, en algunos modelos la posición P se conecta pulsando un botón y también te exigen pisar el pedal del freno para pasar de la P a una posición de movimiento. 

Neutral o punto muerto (N). Drive o posición para conducir y avanzar (D): Algunos modelos también tienen una posición Sport (S) para una conducción más deportiva, e incluso una posición (W) para cuando se circula por firmes deslizantes o con baja adherencia. 

Reverse o marcha atrás (R).


                                                  REFLEXION PERSONAL 

Pienso que los coches autónomos son vehículos los cuales ayudan mucho a las personas en la actualidad ya que hay personas que no pueden conducir y con estos vehículos automáticos ese problema va a quedar en el pasado. Los coches que hacen uso de combustible son coches confiables ya que los conduce la propia persona y es menos propenso a fallos electrónicos pero de igual forma son vehículos los cuales contaminan demasiado el medio ambiente debido al humo expulsado de ellos producido por los propios coches y es demasiado caro mantener uno ya que consume mucha gasolina. En cambio los coches autónomos no contaminan nada y gracias al avance de las actuales tecnologías es muy extraño que un coche eléctrico falle de repente en una carretera. En conclusión creo que para el futuro todo el mundo va a hacer uso de este tipo de vehículos.







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